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RV. D. RICARDO SOUTO COPEIRO (1928-2009). IN MEMORIAM



Rara vez tenemos la oportunidad en el transcurso de la vida de tropezarnos con seres excepcionales y cuando lo hacemos, aprendemos a valorar con el tiempo el verdadero significado de lo que significan palabras como espiritualidad, vocación, servicio y amistad,... Esa fue mi experiencia en el año 1975, cuando tuve el privilegio de conocer a D. Ricardo Souto Copeiro, pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Santa Cruz de Tenerife, y que se prolongó durante treinta y cuatro años.

Durante su época de seminarista, D. Ricardo colaboró con las iglesias de Vilafranca del Penedés, Terrassa-Ebenezer, Puerto Sagunto y Vall d’Uxó. Casado con Dña. María Luisa Suárez, firme apoyo durante sus largos años de ministerio, tuvieron tres hijos: Ricardo Manuel, Roberto y María Luisa.

D. Ricardo llegó a la isla de Tenerife en 1968, respondiendo a una vocación recibida en su Galicia natal en los años de su juventud. Miembro de una de las familias más antiguas del protestantismo español, aceptó el reto y se comprometió de por vida en el servicio a su Maestro y a su prójimo, ejerciendo el ministerio pastoral en la comunidad bautista de Tenerife. Desde un primer momento se identificó con la isla y sus gentes, hasta tal punto que se consideró siempre un canario más, aunque sus raíces familiares estuvieran en la umbría tierra gallega.

Hombre de vastísima cultura, lector impenitente y poseedor de una gran y selecta biblioteca de mas de diez mil volúmenes, centró su vocación en el servicio al prójimo como expresión coherente de un seguimiento personal de Jesús de Nazareth. Su cristianismo militante lo llevó a la práctica hasta sus últimas consecuencias, aún en los momentos difíciles de la posguerra y en los años cincuenta del pasado siglo, cuando pertenecer a una minoría religiosa era, por definición de las autoridades de la época, ser un elemento disolvente y sospechoso de ir contra las supuestas esencias que definían, según ellos, a la sociedad del momento.

En esas circunstancias adversas comenzó a desarrollar su ministerio de proclamación del Evangelio de Jesucristo en la ciudad, en la isla de Tenerife y en otros lugares del archipiélago. Un testimonio contra corriente, perseverante y sobrio, basado en su fidelidad a la Palabra de Dios, y que terminó por vencer con el tiempo los obstáculos de la época en que inició su trabajo pastoral y que en aquel momento parecían insalvables. Una personalidad en la que convergían servicio, discreción y sobriedad, unidas a una vasta cultura teológica, filosófica e histórica que le hicieron ganarse el respeto de personas y colectivos más allá de los círculos evangélicos , otorgándole una autoridad espiritual y moral fruto de su propia coherencia interna.

Más allá de sus responsabilidades de carácter espiritual, D. Ricardo tuvo el empeño de mejorar el nivel educativo e intelectual de quienes le rodeaban, instando a la lectura y al estudio como herramientas de superación personal. Su insistencia en ese punto llevó a muchos jóvenes y adultos a interesarse por la cultura en los más variados aspectos, a ir formando bibliotecas particulares escogidas y a preocuparse por todas aquellas cosas que son positivas, enaltecen y forjan el carácter de las personas. Pero ese aspecto intelectual de su personalidad no le impedía ver las necesidades espirituales de aquellos que acudían a él en busca de consejo y ayuda, pues siempre estuvo al servicio de sus hermanos, entendiendo como tal a cualquier persona que se acercara a él, sin tener en cuenta su adscripción religiosa o pensamiento filosófico.

Su visión evangélica le llevó a iniciar, junto con los pastores D. Eutimio Herreros y D. Daniel White, ambos ya con el Señor, la actual Unión de Iglesias Bautistas de las Islas Canarias (UIBC); participó de forma activa en la fundación de la AMEIC (Asociación de Ministros Evangélicos de las Islas Canarias), de la que fue primer presidente, y fue co-fundador y primer presidente del Consejo Evangélico de Canarias. En su momento fue el inspirador de los primeros campamentos juveniles de verano, que luego se transformarían en los actuales, organizados por Unión de Jóvenes Bautistas de Canarias y con carácter regional. Durante años, además de su labor en la Iglesia de Santa Cruz de Tenerife, asumió el trabajo pastoral en las Iglesias de La Palma y El Fondillo (Gran Canaria). En el momento de su fallecimiento era presidente del Hogar Evangélico de Ancianos CEDAR, en Granadilla (Tenerife) y miembro del Claustro del Seminario CEIBI.

Sirvan estas líneas para agradecer al Señor la oportunidad de haberle conocido y poder caminar con él durante años la senda que lleva a la vida eterna, de la que disfruta en presencia de su Señor y Salvador. “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Ap. 2:10b)

V.J. Núñez
Primera Iglesia Evangélica Bautista de Santa Cruz de Tenerife. 2010. Todos los Derechos Reservados.